lunes, 1 de junio de 2026

Una noche estresante para fundar un Carmelo inolvidable

 



       La noche del 14 de agosto de 1567 se produjo la fundación, por Sta Teresa de Jesús, del convento carmelita de S. José, la segunda fundación de la Santa y primera fuera de Ávila. Fue una noche increíble e inolvidable.

        El Padre Juan Bautista Rubeo, Superior General de la Orden carmelitana, visitó España desde 1562 a 1567. Tras contemplar el convento de S. José de Ávila , que había fundado Sta Teresa, quedó muy asombrado por ello y porque veía en ello un retorno a la practica de la regla primitiva de vida de la orden carmelitana. El P Rubeo convirtió a Sta Teresa en reformadora de la orden religiosa, concediéndole patentes para fundar nuevas casas. Con la autorización del P Rubeo, Teresa necesita materializar su deseo de continuar sus fundaciones. Ella se veía como una pobre monja descalza, sin ayuda de nadie, tan solo del Señor. Para una nueva fundación había elegido la ciudad de Medina del Campo. Era villa mercantil gracias a sus ferias, a las que acudían gentes de toda Europa y muy bien comunicada. Ciudad muy populosa que podría dar sustento con limosnas y vocaciones.

             En el siglo XVI, el viaje entre Ávila y Medina del Campo se hacía en 2 jornadas. Efrén de la Madre de Dios y Otero Steggnik son autores del libro "Tiempo y vida de Sta Teresa" y relatan como Teresa conocía la ruta hacia Medina. En el camino estaba Gotarrendura, donde su familia tenía tierras de cultivo, y más adelante Olmedo, donde vivió su abuela materna. La familia del padre de Teresa se dedicó a la venta de sedas y terciopelos. Es probable que la Santa conociera a otros comerciantes de telas de Medina.


                                                 

         Sta Teresa tenía las patentes del superior carmelitano y el apoyo de los jesuitas de Medina, gracias al trato que tenía con el P Baltasar Alvarez, que fue su confesor durante su estancia en el convento de la Encarnación de Avila. Teresa también recurrió al prior del Convento de Sta Ana de los carmelitas calzados de Medina del Campo P. Antonio de Heredia. Ella veía necesario la reforma, y no solo fundar monjas descalzas, sino también frailes descalzos. El padre Heredia se ofreció desde el primer momento a formar parte de esa reforma, al igual que más tarde lo hizo Fray Juan de la Cruz. Mas tarde la Santa llegó a decir, de forma graciosa, que contaba con el apoyo de fraile y medio, refiriéndose a éstas 2 personas. A Sta Teresa le faltaba la licencias ordinarias, tanto eclesiásticas como de los regidores de la villa . De ello se ocupó el P. Julián de Avila - conocido como el escudero de Sta Teresa- quien se encargó de tratar con el obispo de Salamanca, a cuya diócesis pertenecía Medina y con los regidores. En palabras de éste sacerdote

 "En 15 días hice la información tan copiosa que no hubo más que pedir. Los testigos que dijeron fueron los regidores del lugar y los padres de la Compañía de Jesús y de otros testigos de los más abonados del pueblo" 

                                                    


      Antes de su regreso, el P Julián alquiló una casa para realizar la fundación, perteneciente a D. Alonso Alvarez, administrador el Hospital de la Concepción Sta Teresa fijó como fecha para la fundación en Medina el 15 de Agosto. La Santa salió de Avila en la madrugada del 13 de Agosto con 4 monjas del convento de la Encarnación, que se unieron a la fundación, 2 monjas de nuevo convento de San José de Avila el P. Julián y una muchacha llamada Isabel Fontecha, interesada en profesar y a quien Teresa admitió. Tras todo un día de camino llegaron a Arévalo para pasar allí la noche




        En Arevalo se encontraron con la sorpresa de un enviado por parte de D. Alonso Alvarez con una carta en la que les decía que no les arrendaba la casa acordada en Medina. Era debido a su cercanía con el convento Ntra Sra de Gracia, de monjes agustinos, que se oponían a que se instalaran cerca de ellos unas religiosas que también iban a vivir de limosnas y caridad. Este monasterio se encontraba pasada la puerta de S Agustín - hoy plaza de los galgos-  También se encontraba en la posada el dominico fray Domingo de Baños, que fue confesor durante la estancia de Sta Teresa en el convento de S José de Ávila. Fray Domingo trataba de animar a Teresa, buscando una solución al conflicto con los agustinos, aunque ellos no convencía a la Santa por lo que retrasaba la fundación.
          Tras una noche de pesadilla, en la mañana del día 14 se presenta el P. Antonio de Heredia con la noticia de que ha conseguido una casa, propiedad de una Señora llamada María Suarez, que era de Fuente el Sol. esta señora, por confianza del P. Heredia, al que tenía gran confianza, vendía la casa sin exigir el pago de inmediato. Ante la complejidad de la situación Sta Teresa decidió que se quedasen temporalmente en Arévalo las hermanas procedentes del monasterio de la Encarnación y solo viniesen las 2 hermanas del convento de San José e Isabel Fontecha, así como el P.Julian. Primeramente fueron a Fuente el Sol, donde fueron recibidas por Maria Suarez, quien les dio una carta con instrucciones para el mayordomo que cuidaba la casa en Medina. Desde allí partieron a Olmedo para más tarde llegar a Medina sobre las 12 de la noche, dirigiéndose al monasterio de Sta Ana de carmelitas calzados, que se encontraba entonces fuera el recinto amurallado (extramuros) - hoy plaza del Carmen -para dejar allí el carro del viaje y tomar los ornamentos y enseres necesarios para instalar una capilla en la casa para decir misa en la mañana . Medina estaba con las calles llenas de gente, por ser víspera de la Asunción de la Virgen del 15 de Agosto, quería evitar llamar la atención, por ello el dirigirse andando a la casa, pero no lo consiguió.




         llegamos a Medina del Campo vispera de Ntra Sra de Agosto a las 12 de la noche. Apeámonos en el monasterio de Sta Ana por no hacer ruido, y a pie nos fuimos a la casa. Fue harta misericordia del Señor, que aquella hora encerraban toros, para correr otro día, no nos topar alguno. Con el embebecimiento que llevabamos, no había acuerdo de nada, más el Señor que siempre le tiene de los que desean su servicio no libró. (libro Fundaciones)
   
         Como llego nuestra madre y en estas cosas era tan determinada, tomamos aderezos de altar y ornamentos para decir misa y sin pararnos vamos a pie las monjas, los clerigos, el prior y otros dos o tres frailes y fuimonos por de fuera del lugar, porque era aquella hora de encerrar los toros que a la mañana siguiente se habían de correr. Todos íbamos cargados, que parecíamos gitanos que habíamos robado alguna iglesia, que a toparnos con la justicia, estaba obligada a llevarnos a todos a la cárcel hasta averiguar donde iban a tal hora clérigos, frailes y monjas. Y aun no estaban obligados a creernos y tanta gente como andaba por las calles que, con tal ocasión suelen ser los muy perdularios y vagamundos del lugar. Dios quiso que, aunque topamos gente, como no fue la justicia, nos dejaban pasar con decir algunas palabras, cuales se suelen decir de tal gente y a tal hora. Nosotros, como no osábamos chistar, alargábamos el paso y dejábamos decir lo que querían. (Relato del P. Julian) 


                                           

     En la historia de Medina consta documentalmente, desde 1490, que los arrendadores de determinadas rentas del común (carnicerías, aceites, velas, vino, etc) estaban obligados a pagar un numero fijado de toros bravos para ser encerrados, corridos y lidiados. Los toros se encontraban fuera de la ciudad y eran llevados al lugar donde se iba a hacer su lidia, que era la plaza mayor de Medina. La manera de llevarlos es lo que dio lugar posteriormente a los famosos encierros de Medina del Campo de las fiestas de San Antolín. Atendiendo al relato del P. Julián y Sta Teresa, el convento de Sta Ana estaba extramuros. Podemos decir que fueron siguiendo la parte exterior de la muralla, hasta llegar a una puerta de la misma, entrar nuevamente en la ciudad y llegar a la casa. En el camino, en un momento determinado coincidieron con los toros. Hasta llegar a la casa se encontraron con todo tipo de gente, con más o menos vino en el cuerpo. Sta Teresa y todo su equipo pudieron entrar por la puerta de S.Agustin (hoy calle S.Martin), o la puerta de Santiago, (junto a la actual iglesia de Santiago) mas alejada, que daba prácticamente al lugar al que iban. Es una suposición a la vista de los relatos. 

           Después del susto de los toros y la gente, llegaron a la casa de Doña Suarez y a golpes despertaron al mayordomo, a quien dieron la carta de su señora y éste se puso a disposición de los recién llegados. De noche y sin luz, todos se pusieron a trabajar. Había un patio con las paredes caídas y mucha tierra por el suelo. El mayordomo aportó tapices y una colcha de damaso azul.   

IYo, cuando vi tan buen aparejo, alabé al Señor, y así harían los demás; aunque no sabíamos qué hacer de clavos ni era hora de comprarlos. Comenzaronse a buscar de las paredes; en fin, con trabajo, se hallo recaudo. Unos a entapizar, nosotras a limpiar el suelo, nos dimos buena prisa, que cuando amanecía, estaba puesto el altar, y la campanilla en un corredor y luego se dijo la misa. Esto bastaba para tomar posesión» (Fundaciones 3,9).

        Sta Teresa y las monjas estaban alegres, pero también reventadas, por el viaje y por el trabajo. De día Teresa vio que algunas paredes estaban caídas y el Santísimo casi en la calle, con peligro de alguna profoanación por alguien que por allí pasase. Sta Teresa pensaba en los luteranos que podía haber en Medina y le vino una congoja a su corazón. Por otra parte, la casa no estaba todavía para vivir. El P. Julian se encargó de buscar una casa para alquilar y Teresa procuraba tener hombres para vigilar el Santísimo, incluso ella misma se levantaba de noche a vigilar por una ventana.



       A los 8 días de la fundación, un mercader llamado Blas de Medina ofreció su propia casa a las monjas de Sta Teresa, que se encontraba en la plaza mayor. Se trataba de la parte superior de la vivienda del mercader, en la que las hermanas podían llevar una vida acogedora. En 2 meses, gracias a la ayuda de algunos bienhechores, entre los que destacan Elena de Quiroga, quien acabó tomando el hábito carmelitano, la casa ruinosa acabó siendo habitable. El convento recibió vocaciones, 22 fueron las religiosas que profesaron en el monasterio en vida de Sta Teresa.



       La iglesia conventual actual se construyó entre 1596 y 1603, según las obras de Francisco y Andres Lopez. Hoy día es un convento austero, pequeño y encantador. Es un palomarcico, como gustaba decir sta Teresa de Jesús.

     Padre Julián de Ávila

     P Baltasar Álvarez SJ

     libro de las fundaciones.pdf

     Amigos de Sta Teresa. Fundación Medina del Campo

     El Carmelo de Medina. Alfa y Omega

     capilla-del-convento-san-jose-en-medina.

     Historia encierros en Medina del Campo





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